REVISAR LA ASISTENCIA PARA EVITAR RIESGOS

23 de Enero, 2012

Revisar la asistencia para evitar riesgos

Aún restan desafíos importantes como una política de vivienda masiva, la inclusión de grupos vulnerables como los pueblos indígenas, diferencias regionales aguzadas y una preocupación sustancial en un foco especial puesto en los jóvenes y un análisis del impacto de género de las herramientas de intervención social.

La crisis de 2001 dejó una Argentina en estado de "catástrofe social". En ese contexto, una política de emergencia como el plan Jefes y Jefas de Hogar (JJH) apareció como una herramienta de contención necesaria. A pesar de su utilidad en medio del naufragio, fue inocultable que la aplicación del plan dio lugar a prácticas clientelares que parecían echar combustible al fuego de la protesta social.

Las políticas sociales de la década posterior a la crisis de Fernando de la Rúa parecen ser una respuesta a las luchas y reivindicaciones de la sociedad civil, interpretadas por un Estado que supo escuchar la demanda .
 
Los nuevos programas que se instrumentaron durante la era de las administraciones de Néstor y Cristina Kirchner tienen dos pilares centrales basados en la Asignación Universal por Hijo (AUH) y el plan Argentina Trabaja.
 
El pasaje de Jefes y Jefas al Plan Familias y a la AUH debe verse como un logro de un Estado que supo interpretar la demanda de la población que discutía estas políticas en tanto beneficiaria, así como de políticos, académicos y activistas de los derechos humanos y de transparencia que cuestionaban el plan Jefes y Jefas de Hogar creado por Duhalde.
 
Se trata de una política social que combina promoción de empleo digno con transferencias condicionadas a salud y educación. Ambos programas tuvieron un resultado positivo, prohijando la descentralización de acciones hacia la responsabilidad de la propia sociedad.
 
La apertura de espacios que permitieron la participación resignificada desde la protesta hasta la construcción de una identidad organizativa, construyendo alternativas, especialmente a partir de los movimientos sociales, creó una cantidad, variedad y riqueza de experiencias sociales y económicas que debe sostenerse en el tiempo.
 
Desafíos
 
Aún restan desafíos importantes como una política de vivienda masiva, la inclusión de grupos vulnerables como los pueblos indígenas, diferencias regionales aguzadas y una preocupación sustancial en un foco especial puesto en los jóvenes y un análisis del impacto de género de las herramientas de intervención social.
 
Entre los riesgos que afectan las nuevas políticas sociales está el modelo político-económico, que sigue siendo muy dependiente de la economía agrícola y que no requiere mano de obra por estar altamente tecnificado. Esto dificulta que se estabilicen políticas sociales promocionales dado que los beneficiarios de los programas promocionales no encuentran una inserción individual ni asociativa autónoma.
 
Es muy importante evitar que la inflación impacte de manera profunda sobre los más vulnerables tanto por la caída de los valores reales transferidos como por la expulsión de capas de beneficiarios que van empobreciéndose aunque tengan ingresos.
 
Podemos pensar, colectivamente y sin crispación, en una revisión de las políticas sociales para la siguiente década centrada en el fortalecimiento de organizaciones de base a la discusión desde el diseño al monitoreo.
 
Este nuevo desafío contemplará, entre otras cosas, la mejora sustantiva de la articulación de los diversos actores en el territorio; la evaluación de la sustentabilidad de los proyectos sociales para aprender cuáles son replicables y cuáles no; la inclusión de tecnologías alternativas en la implementación de grandes obras de infraestructura; la apertura de una discusión social, y establecer una política amplia sobre la modalidad de distribución de los recursos generados por toda la sociedad, arrancando para siempre el estigma de la desigualdad que aqueja a América del Sur.
 
La autora es politóloga, especialista en política social de la Universidad de San Martín y de Flacso. 
 
Fuente: La Nación

NEWSLETTER

Usted recibirá las últimas noticias, novedades y eventos en su correo electrónico.

Suscribirse

PARA PENSAR

Europa arroja anualmente a la basura 90 millones de toneladas de productos alimentarios
en buen estado para el consumo. Son 179
kilos por habitante. La misma Europa tiene no menos de 70 millones de pobres actualmente, y el número va creciendo.

Informe Unión Europea, Enero 2012