LA JUVENTUD EN LATINOAMéRICA. UNA DEUDA PENDIENTE

22 de Octubre, 2012

La juventud en Latinoamérica. Una deuda pendiente

La juventud tiene gran potencial en latinoamérica y el mundo para contribuir al avance de nuestras sociedades, siendo agentes activos de cambio. Sin embargo, existen condicionantes que obstaculizan su participación. Aquí algunos datos de su situación que deben ser tenidos en cuenta para trabajar por su inclusión en orden a fortalecer la democracia.

Por Heraldo Muñoz

Casi la mitad de la población mundial tiene menos de 25 años y más de un tercio tiene entre 12 y 24 años. Este factor demográfico junto a condiciones de inequidad y desigualdad juvenil y los recientes movimientos sociales, desde la Primavera Árabe, el 15M en España, y el Movimiento YoSoy132 de México, hasta el movimiento estudiantil en Chile, reafirman la necesidad de redoblar esfuerzos para atender sus demandas y necesidades así como también el reconocer la capacidad de los jóvenes en la promoción de cambios sociales.

De los 600 millones de latinoamericanos y caribeños, más de 26% son jóvenes (entre 15 y 29 años), lo que representa una oportunidad única para el presente y futuro desarrollo y gobernabilidad de la región.

Los Informes de Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (regionales y nacionales) han demostrado que los jóvenes tienen un enorme potencial para contribuir al avance de la sociedad y ser agentes activos de cambio. Sin embargo, a pesar de los notables progresos en la lucha por la reducción de la pobreza y la desigualdad, el desarrollo de elecciones libres y transparentes, y el fortalecimiento de nuestras democracias, hay evidencia creciente en la región de problemas estructurales de desigualdad en el ejercicio de los derechos ciudadanos, y en las oportunidades y acceso a empleo, servicios y bienes públicos que afectan a los jóvenes directamente.

Factores como el ingreso, el género, origen étnico o residencia son claros condicionantes, cuando no barreras determinantes, en el acceso y disfrute de derechos ciudadanos y condiciones de vida básicas.

La satisfacción de las necesidades mínimas no está asegurada para una gran cantidad de jóvenes. La incidencia de la pobreza y la indigencia afecta a un 25% de los jóvenes de entre 15 a 29 años, lo que impide el ejercicio efectivo de derechos consagrados y reconocidos en las constituciones nacionales y diversos instrumentos internacionales.

Además, solo el 35% de los jóvenes entre 15 y 29 años en la región tiene acceso a la educación. Igualmente revelador es el hecho que uno de cada dos latinoamericanos posea más que educación básica, pero solo un 18% cuente con educación universitaria.

Mas preocupante aún son los aproximadamente 20 millones de jóvenes que ni trabajan ni estudian, la llamada generación “NINIs”. Así, en América Latina, más de un 18% de jóvenes entre los 15 y 18 (9,4 millones) no estudian ni trabajan: 54% son mujeres y 46% son hombres.

Eso también significa que muchos jóvenes actualmente se encuentran más expuestos a condiciones y situaciones de vulnerabilidad y riesgo. Si América Latina y el Caribe representa menos del 9% de la población mundial, concentra el 27% de los homicidios en el mundo, según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

La exposición a la violencia e inseguridad se agrava ante la construcción y percepción distorsionada del joven, principalmente de bajos ingresos, como potencialmente violento, consumidor de drogas y moralmente débil. El tema de la seguridad ciudadana, bien como la importancia de invertir en los jóvenes, serán abordados en el próximo Informe Regional sobre Desarrollo Humano del PNUD.

A menudo los jóvenes, hombres y mujeres no se sienten representados en los discursos y mecanismos políticos tradicionales, no participan de espacios de decisión,  ni en debates sobre temas socioeconómicos y políticos claves aun cuando se sienten sensibles a las demandas de equidad y justicia social, protección medioambiental y diversidad cultural, según datos de la UNESCO.

Pero su inclusión y participación efectiva fortalece y renueva la democracia.

Fuente: Revista Humanum

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