ARGENTINA EN UN MUNDO INCIERTO: ASEGURAR EL DESARROLLO HUMANO EN EL SIGLO XXI

10 de Octubre, 2013

Argentina en un mundo incierto: asegurar el desarrollo humano en el siglo XXI

El Informe Nacional sobre Desarrollo Humano 2013, "Argentina en un mundo incierto: Asegurar el desarrollo humano en el siglo XXI", muestra la evolución del desarrollo humano en el país, describe tendencias globales que condicionarán su futuro, y analiza las opciones estratégicas de Argentina para aprovechar las oportunidades y mitigar los riesgos e incertidumbres de un mundo en transformación.

Este informe contribuye a la agenda de un debate complejo y, al mismo tiempo, fundamental para el futuro del país. Es una invitación a reflexionar sobre diagnósticos y lineamientos de políticas para favorecer el desarrollo humano de Argentina.
 
El capítulo 1, muestra la evolución del desarrollo humano argentino en las últimas décadas, lo compara a nivel internacional y lo desagrega a nivel subnacional. El capítulo 2, explora tres tendencias globales de cambio actuales que por su alcance e impacto son cruciales para el futuro del desarrollo humano: la evolución demográfica, la revolución tecnológica y la globalización acelerada. Los capítulos 3, 4 y 5 analizan las opciones estratégicas de Argentina frente a estas tendencias. El capítulo 3, se concentra en cómo expandir el capital humano para fomentar el desarrollo y la igualdad; el capítulo 4, analiza la innovación productiva como impulso para el cambio estructural, y el capítulo 5, las alternativas para una inserción internacional inteligente.
 
Principales hallazgos del Informe:
 
La evolución del desarrollo humano: convergencia y cambios en la desigualdad
 
En las últimas tres décadas el desarrollo humano en el país presentó, en promedio, una tendencia positiva moderada, aunque muy variable. El nivel promedio de Argentina se mantuvo siempre por encima del promedio mundial y el de América Latina y el Caribe, y por debajo del promedio de la OCDE.
 
Argentina disminuyó su brecha con la OCDE, la cual se redujo del -11% en 1980 al -8% hacia 2010. Al mismo tiempo, la brecha entre Argentina y América Latina y el Caribe se redujo del 15% al 8% en el mismo periodo, mientras que respecto del promedio mundial se redujo del 20% al 16%. Estas variaciones sugieren que la Argentina participa de un proceso de convergencia del desarrollo humano mundial hacia niveles cada vez más altos.
 
A nivel subnacional, todas las jurisdicciones muestran, en mayor o menor medida, incrementos paulatinos en sus índices de desarrollo humano. También cambió la desigualdad en el desarrollo humano en los últimos lustros, como puede apreciarse en la tabla. La desigualdad en el desarrollo humano es multidimensional: se manifiesta tanto en el desigual acceso a la salud, la educación y el ingreso, como en el desbalance entre estas dimensiones. La desigualdad penaliza el nivel de desarrollo humano, y hace que sea más bajo de lo que podría potencialmente ser.
 
El desarrollo humano en Argentina se ve afectado por la desigualdad aunque con modificaciones en el tiempo, debido principalmente a cambios en la distribución del ingreso. La pérdida de desarrollo humano atribuible a la desigualdad, luego de incrementarse del 4,8% al 4,9% entre 1996 y 2001, disminuyó a 4,3% en 2006 y a 3,4% en 2011. Los cambios en la desigualdad a nivel nacional se reprodujeron con un patrón similar en casi todas las provincias. Esto invita a redoblar esfuerzos para que el país alcance un desarrollo humano congruente con su potencial de recursos humanos y físicos, y un grado de igualdad acorde con su historia social, objetivos aún distantes.
 
El nivel de desarrollo humano y la desigualdad, presentan una relación inversa: las provincias con más alto desarrollo humano son las menos desiguales, mientras que las provincias de menor desarrollo humano son las más desiguales. Mientras algunas de las provincias patagónicas (Santa Cruz y Tierra del Fuego) y la Ciudad de Buenos Aires presentan los mayores índices de desarrollo humano y la menor desigualdad, las provincias del Chaco y Misiones presentan índices de desarrollo humano bajos y desigualdad alta.
 
La desigualdad también se manifiesta en el acceso diferenciado entre varones y mujeres a las dimensiones básicas del desarrollo humano. Para medirla se usa el Índice de Desigualdad de Género. El gráfico de abajo presenta el Índice de Desarrollo Humano (IDH) y el Índice de Desigualdad de Género (IDG) en 2011 para cada provincia.
 
La diferencia entre uno y otro índice en cada una de las jurisdicciones es poca, lo que significa que la brecha de oportunidades entre mujeres y varones es relativamente baja. El rango de la diferencia entre ambos índices varía de 0,002 puntos o menos (en la ciudad de Buenos Aires y Río Negro) a 0,009 puntos (en San Luis y Catamarca).
 
Esto se debe a que las dimensiones de educación y salud favorecen en casi todas las jurisdicciones a las mujeres, que tienen una mayor esperanza de vida y mayor nivel educativo. La dimensión de ingreso, por el contrario, muestra siempre un sesgo favorable a los varones.
 
Tendencias globales abren oportunidades, pero también riesgos e incertidumbres para el desarrollo humano
 
El mundo experimenta transformaciones que abren importantes oportunidades, pero también generan riesgos e incertidumbres. Tres tendencias globales son, por su alcance y su impacto, particularmente significativas para la trayectoria a mediano y largo plazo del desarrollo humano: la evolución demográfica, la revolución tecnológica y la globalización acelerada.
 
La evolución demográfica ha posibilitado un crecimiento sostenido de la población mundial, hasta alcanzar los 7000 millones de personas, y ha cambiado su estructura etaria, con un peso relativo mayor de las personas de más edad. Al mismo tiempo, la salud y la educación han mejorado. La esperanza de vida promedio en el mundo alcanza los 70 años, mientras que desde 1990 la alfabetización supera el 80%, la escolaridad promedio se incrementó en dos años, y la matriculación se incrementó en 12 puntos porcentuales. Asimismo, la migración, que entre migrantes internos e internacionales hoy totaliza 1000 millones de personas, presenta un gran potencial para el desarrollo humano, al facilitar a las personas movilizarse en busca de mejores oportunidades y opciones de vida.
 
La revolución tecnológica replantea las formas de producción y consumo. El desarrollo humano depende en buena medida de la innovación productiva, es decir de la capacidad de los países y regiones para participar activamente en la creación de conocimientos y tecnologías, y difundirlos e incorporarlos en el conjunto de sus actividades económicas y sus relaciones sociales. Solo en 2011, los cuatro principales países en términos de innovación productiva (Japón, Estados Unidos, China y Corea del Sur aprobaron más de 700.000 nuevas patentes. La innovación en productos y servicios facilita una mejor calidad de vida; por ejemplo, en los últimos años se han creado nuevas medicinas y alimentos de mayor poder nutritivo. Además, la innovación en procesos productivos y organizativos incrementa la productividad. Esto, a su vez, libera recursos que pueden ser orientados hacia otras áreas, como servicios de salud o educativos, o emprendimientos culturales. La ola innovadora más reciente, con la “revolución 2.0” como emblema, ha cambiado las formas de producción y gestión, la prestación y el intercambio internacional de bienes y servicios, y ha relocalizado industrias y empresas. Durante la última década, el uso de teléfonos celulares alcanzó casi a 90 de 100 habitantes, e internet superó los 30 cada 100, y en países de medianos y bajos ingresos creció exponencialmente.
 
La globalización acelerada genera una mayor interdependencia mundial, y se manifiesta en la ampliación e intensificación de las relaciones entre diferentes países, instituciones, grupos sociales y personas. Cada vez más, eventos distantes impactan localmente, mientras que eventos locales lo hacen a escala mundial. La globalización es una gran oportunidad para el desarrollo humano. El potencial para expandir las capacidades y libertades reales de las personas crece con sus posibilidades de interactuar con otras personas y grupos, y cuando se exponen a otras culturas y modos de vida. La globalización se manifiesta en varios ámbitos. En la creciente interdependencia científica y tecnológica: el 35% de los artículos publicados en revistas internacionales son resultado de la cooperación transfronteriza, frente al 25% hace 15 años; en la reestructuración productiva mundial, con la permanente relocalización de centros de producción y la formación de cadenas globales de valor más extensas y complejas; o en la redefinición de los esquemas de integración y cooperación internacional y el ascenso del “Sur global” y de nuevas potencias emergentes, como los países BRICS.
 
Mirando hacia el futuro: opciones estratégicas para asegurar el desarrollo humano en un mundo incierto
 
Las tendencias globales de cambio inducen a pensar en un conjunto de opciones estratégicas para Argentina que se pueden ordenar en una secuencia lógica. La evolución demográfica nos recuerda que el activo más importante del país es su capital humano. Al mismo tiempo, la revolución tecnológica nos enseña que el capital humano es hoy un insumo fundamental para la innovación productiva, ya que la creación y la adaptación de nuevas tecnologías no pueden llevarse a cabo sin una dosis sustantiva de creatividad. Por su parte, la globalización acelerada nos muestra que la innovación productiva constituye hoy la base fundamental para operar un cambio estructural que incremente la competitividad del país, de modo de lograr una inserción internacional inteligente y provechosa en la globalización que caracteriza al mundo contemporáneo.
 
Fortalecer el capital humano para el desarrollo y la igualdad, requiere aprovechar el bono demográfico, potenciar la inclusión con un salto de calidad en la salud y la educación, y afianzar la reconquista de derechos para conseguir igualdad en el trabajo y la migración.
 
Argentina cuenta hoy con un “bono demográfico”. Esto implica un incremento de la cantidad relativa de trabajadores activos respecto del número de niñas, niños, ancianas y ancianos. La población argentina de 65 o más años es el 10,2% del total, mientras que la población de jóvenes menores de 29 años es de alrededor del 25% y la de menores entre 0 y 14 años se reduce de manera gradual. Los adultos que trabajan disponen entonces de un excedente para destinarlo a diversos fines, como el incremento en la tasa de ahorro e inversión. Sin embargo, este excedente se agotará cuando el bono demográfico se extinga, aproximadamente en dos décadas. Para entonces, debería asegurarse la transformación efectiva del excedente temporal que brinda el bono en ahorro e inversión, tanto en capital humano (salud y educación) como en capital e innovación productiva.
 
En el ámbito de la salud, el gasto público y privado es elevado: alrededor del 10% de PIB, muy por encima del promedio de América Latina, y más cerca de los valores de países europeos. Pero existen aún desafíos, como la fragmentación de la cobertura y la calidad del sistema, la relativamente elevada proporción de enfermedades transmisibles, las tasas de mortalidad y los años potenciales de vida perdidos a causa de enfermedades y accidentes (hoy en 662,2 años cada 10.000 habitantes). En el ámbito de la educación, se han realizado importantes esfuerzos para garantizar la inclusión educativa y se ha incrementado el gasto educativo, que hoy supera los 6 puntos del producto interno bruto. No obstante, hay espacio para reducir la repitencia, la sobreedad y el abandono, y mejorar la promoción efectiva, el egreso y, en especial, la calidad de la educación. El desempeño decae a medida que avanza el ciclo escolar. Y en términos comparativos Argentina está por debajo del rendimiento promedio de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), debajo de Chile y Uruguay, y con resultados próximos a los de México, Brasil o Colombia en ciencia y matemática.
 
En el mercado de trabajo se implementaron políticas laborales, de empleo y protección social que impactaron positivamente en el empleo y la distribución del ingreso, y generaron un fuerte aumento del empleo y una importante caída en la subutilización de la fuerza de trabajo. Pero hay asignaturas pendientes en términos de brechas de capacitación, participación, empleo, condiciones de trabajo e ingresos entre mujeres y jóvenes de hogares de bajos y altos ingresos, y entre trabajadores registrados y no registrados. El desafío es conciliar las políticas dirigidas a la población ocupada formal con las dirigidas a la población vulnerable. El crecimiento económico de la última década impulsó el mercado de trabajo en sectores demandantes de mano de obra inmigrante. Paralelamente, se modificó la política migratoria argentina mediante una nueva ley de migraciones que confiere a los migrantes los mismos derechos que la población nativa. Sin embargo, los inmigrantes se han incorporado al mercado de trabajo como complemento de la mano de obra local y en general su incorporación ha presupuesto la aceptación de condiciones laborales más precarias y remuneraciones inferiores a la de los nativos. Queda aún pendiente difundir mejor los derechos de los inmigrantes y profundizar el control del trabajo no regulado y la lucha contra el trabajo esclavo.
 
Innovar productivamente para un cambio estructural, demanda acelerar la innovación tecnológica, potenciar los sectores productivos y ampliar y dar fluidez a los soportes financieros del desarrollo.
 
Argentina se ubica aún lejos de los países que lideran la innovación productiva. Si bien el gasto en investigación y desarrollo ha incrementado a alrededor del 0,6% del producto interno bruto, todavía se encuentra por debajo de países como Brasil (1,1%), la Unión Europea (2%) Estados Unidos (2,9%) y Japón (3,2%). Además, los investigadores que se desempeñan en empresas son pocos. El sistema argentino de innovación debe aún encontrar una articulación virtuosa entre el mundo de la investigación y el mundo productivo, incrementar el gasto en investigación y desarrollo como proporción del PIB, lograr mejor distribución sectorial de investigadores, y definir objetivos de políticas más precisos y factibles, y mayor articulación entre instituciones.
 
La innovación productiva debería contribuir al cambio estructural del sistema productivo, especialmente en la industria, el agro y los servicios. La industria manufacturera mostró desde 2003 una fuerte recuperación del empleo industrial y la inversión, y creó nuevas empresas y nuevos exportadores, signos incipientes de reindustrialización. Sin embargo, aún no parecen haberse revertido algunos rasgos de larga data de la industria argentina. Los requerimientos de empleo y de importaciones por unidad de producto continúan siendo relativamente elevados, los esfuerzos endógenos para la innovación en productos y procesos continúan siendo escasos, y predominan las estrategias de negocios cortoplacistas y sesgadas hacia gamas productivas de menor complejidad. La agroindustria ha presentado un gran dinamismo productivo y exportador, y tiene un enorme potencial de expansión, si bien aún se ubica en las cadenas mundiales de valor como proveedor de materias primas y productos semielaborados, lo que deja un considerable espacio para mejorar la posición del país. Por otra parte, el sector de servicios exportables ha crecido en un gran número de actividades intensivas en conocimiento, pero enfrenta restricciones que limitan su potencial.
 
Los desafíos para cambiar el sistema productivo son diversos y complejos. En la industria manufacturera, se requeriría dar un salto de calidad: crear más valor agregado mediante la incorporación de conocimiento e innovaciones y complementariedades fuertes. En el sector de los agroalimentos, las políticas deberían apuntar a niveles crecientes de diferenciación productiva en dos direcciones posibles: hacia las fases iniciales que proveen insumos clave, y hacia las etapas finales, cercanas al consumidor de los mercados más desarrollados. En los sectores exportadores de servicios, se requeriría paliar la creciente escasez de recursos humanos del más alto nivel de calificación, la falta de una marca país, la ausencia de un perfil de especialización y la baja inserción en segmentos de alto valor agregado.
 
Cualquier estrategia de innovación tecnológica y de transformación productiva del país debe garantizar el flujo financiero. Sus cuellos de botella pueden restringir el despliegue productivo y por lo tanto el desarrollo del país. Argentina necesita una nueva institucionalidad financiera para superar las limitaciones de un sistema financiero pequeño —el crédito al sector privado representa solo el 16% del PIB— y que no ha podido aun orientar el financiamiento para fomentar sectores económicos o empresarios estratégicos. La consecuencia es una asignación sectorial del crédito rígida, que consolida la estructura productiva tal cual es, en lugar de promover su transformación. Un desafío clave para las políticas públicas es proveer recursos para nuevas actividades y segmentos productivos, brindando financiamiento de largo plazo para inversión. La creación de una banca de desarrollo puede ser una opción institucional estratégica.
 
Definir una inserción internacional inteligente para la globalización, exige evaluar costos y beneficios de alternativas como la articulación institucional con el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y la Unión Europea, la opción por China, o la opción por el Mercosur, la Unasur y el Sur global.
 
Argentina parece tener tres opciones principales. La opción “tradicional” implicaría continuar el tipo de relaciones económicas prevalecientes con la Unión Europea y reactivar, a un nivel más acotado, el proyecto del ALCA, con eventuales ventajas comparativas para el sector primario y agroindustrial y desventajas para la industria. Con la opción por China Argentina se posicionaría como proveedor de materias primas e importador de bienes industrializados y de inversión para infraestructura. Por último, la opción “regional”, orientada a revitalizar la integración sudamericana —especialmente, la complementación industrial entre países—mediante el Mercosur o, de forma más extendida, la Unasur y el Sur global. Estas tres opciones pueden superponerse, y presentan costos y beneficios diferenciales, lo que indica la necesidad de extremar el análisis y la evaluación de alternativas de inserción internacional.
 
Este informe ofrece un panorama de la evolución del desarrollo humano en Argentina, de las tendencias globales que condicionarán su futuro, y de las opciones estratégicas para que el país asegure y continúe mejorando su desarrollo humano en el largo plazo. Las múltiples preguntas y temáticas que en él se plantean y abordan pueden sintetizarse en una sola: ¿cuáles son nuestras posibilidades para vivir y desarrollarnos plenamente? Ante este panorama, fortalecer el capital humano, innovar productivamente e insertarse con inteligencia en la globalización son condiciones necesarias, aunque no suficientes, para el desarrollo humano. Estas opciones amplían las capacidades de las personas para llevar a cabo sus proyectos de vida en contextos riesgosos e inciertos.
 
Para descargar el “Informe Nacional sobre Desarrollo Humano 2013. Argentina en un mundo incierto: asegurar el desarrollo humano en el siglo XXI” en formato .pdf haga click aquí
 
 

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PARA PENSAR

El porcentaje de menores de 18 años en situación de indigencia cayó entre 2010 y 2011 (de 13,8% a 9,7%), y volvió a descender en 2012 (a 9,5%). En cambio, en el caso del porcentaje de niños/as y adolescentes en situación de pobreza, si bien se reduce entre 2010 y 2011 de 44% a 37,2%, aumenta a 38,8% en 2012.

Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina 2012